Hace varios años empecé a desarrollar un concepto de autoayuda que podría hacerme millonario, pero como a mí me preocupa más vuestro bienestar que una vida de lujos y comodidades (y porque me daría una lata horrible desarrollarla en una extensión mayor que esta) voy a compartirla con ustedes for free, como diría el Duck Navia.
Cuando cursaba mis primeros años de enseñanza básica, tras un traumático paso por kínder que desarrollaré en otra oportunidad, la primera prueba de lectura que tuve que hacer fue sobre Papelucho (ese sin apelllido, el primero poh, ustedes cachan), que si bien me pareció entretenido, me marcó por una enseñanza que mi retorcida mente infantil pudo concluir de él.
No recuerdo bien la cita exacta, y ya se imaginarán que soy demasiado flojo para buscarla, pero la situación era más o menos así: Papelucho se mandaba algún condoro cuático, y esperaba que le sacaran la contumelia, pero los papás ni se enteraban. Eso lo hacía reflexionar respecto a que cada vez que él pensaba que iba a pasar algo grave, al final no pasaba nada. Eso lo interioricé casi como un principio, y cada vez que algo me generaba preocupación, pensaba luego “pero es difícil que pase lo peor”, y no sólo servía para tranquilizarme un poco, sino que también resultaba cierto: lo peor casi nunca pasaba.
Ya más grande, y explicándole este extraño principio a mi señora esposa, fui capaz de enunciarlo con mayor exactitud. Si mal no recuerdo, iba ella conduciendo su elegante bob esponja, y necesitaba cambiarse de pista en una esquina, y se empezó a desesperar porque no la iban a dejar pasar. Yo le dije: “tranquila, es imposible que estemos en esta esquina para siempre. En algún momento, alguien nos tendrá que dejar pasar”, y la verdad ni siquiera tuvimos que esperar mucho, ya que luego de un par de autos, pudimos pasar sin problemas. Ahí entonces le empecé a hablar de esta extraña enseñanza que había tomado de Papelucho, y la definí más o menos así:
“Por culpa de tonteras como la Ley de Murphy, la gente siempre que tiene un problema piensa que va a ocurrir lo peor, pero por ley de probabilidades, que ocurra lo peor es sumamente improbable, así que no tiene sentido pensar que siempre va a ocurrir lo peor”
Y como la cuestión venía de mi lectura infantil de Papelucho, la llamé “La ley de Papelucho” –lo que es además una graciosa coincidencia, ya que físicamente me parezco a Papelucho, sobre todo cuando me saco la barba- así cada vez que mi señora esposa se urgía mucho por algo, yo le decía “Oye, Ley de Papelucho”, y ahí se relajaba.
Así mismo, cada vez que alguien tiene una preocupación semejante, yo le explico la famosa Ley de Papelucho esperando que le ayude, por lo menos, a relajarse antes de acontecidos los hechos, y si lo piensan, es pura ley de probabilidad aprendida a través de lectura infantil. Yo les recomiendo que lo tengan en mente cuando tengan algún problema asociado a incertidumbre, pero ahí ven ustedes si me pescan o no. La verdad de las cosas, lo quise escribir para que la próxima vez que tenga que explicársela a alguien, baste con pasarle el link de esta nota.
Saludos, y como siempre se agradecen los comentarios, saludos y donaciones en efectivo y especies.
(Fuente: bototos)
Un aplauso, y un metro cuadrado de chela para el bototos
señor, usted se gano mi respeto y otro metro cuadrado de chela, bien helada
(via laconicamentebreve)
